Realidades simuladas

Desde que, hace más de un año, el otrora Facebook cambiase su nombre a Meta y su CEO declarara que el futuro era el metaverso, miles de personas y empresas han comenzado a utilizar esta nueva forma de acceder a internet. Es tal su auge que, algunos analistas, prevén un volumen de negocio superior al billón en los próximos años.

Se define el metaverso como un mundo digital en el que podemos tener relaciones y hacer transacciones como si fuese el mundo físico. Nos ofrece un “atractivo” mundo digital “perfecto”, en el que podremos alcanzar nuestros sueños, viajar dónde deseemos, superar nuestras limitaciones, ser personas de éxito, en definitiva, nos ofrece una realidad simulada, o más bien, una mentira. Es, por esto, que deberíamos plantearnos y pensar profundamente en sus implicaciones sociológicas y éticas, antes de adentrarnos en este nuevo mundo, e incorporarlo a nuestras vidas como habitual.

Estando absolutamente de acuerdo en que la innovación es necesaria y que el metaverso tiene y tendrá aplicaciones extremadamente útiles, el discurso de que toda innovación tecnológica es progreso y nos hace más libres, no es totalmente cierto. La tecnología es necesaria, pero no suficiente, y con el metaverso corremos el riesgo de vivir escapando continuamente del mundo real, que, como tal, está lleno de inconvenientes, problemas, sinsabores, pero necesarios para un desarrollo vital sano.

Además, al vivir nuestra existencia en la nube, esa experiencia vital digital será captada e influenciada por las grandes corporaciones tecnológicas que, además de monetizarla (esto es lo de menos), irán entrometiéndose en nuestra privacidad, en nuestra autonomía, nos irán controlando y creando la sociedad que decidan. Por otra parte, el metaverso nos hará seres imbuidos detrás de una pantalla, sin más contacto real, y después de la pandemia hemos aprendido que somos seres sociales, que necesitamos relacionarnos, conversar, compartir, mirarnos a los ojos, tocarnos, sentir el contracto de otras personas, y que, sin esto, con aislamiento social, sufrimos consecuencias psicológicas.

Aún estamos a tiempo, lo que necesitamos es un desarrollo tecnológico más humanista, más centrado en la esencia de la persona, en su autenticidad. Tendremos una sociedad más compleja, pero más real y diversa.

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