Irse a tiempo

La retirada de Toni Kross ha generado multitud de comentarios en los medios de comunicación, todos sorprendidos con admiración de la capacidad de tomar esa decisión estando en su mejor momento. Pues no es habitual, y tampoco fácil, que un deportista, ni nadie, se retire antes de comenzar el declive, todo lo contrario, se alargan las carreras a veces de forma grotesca.

Este hecho nos llevó a un doble debate sobre lo difícil que es irse a tiempo de puestos directivos en dos circunstancias o situaciones distintas. Una, saber, después de años y años en una responsabilidad, cuándo ha llegado el momento de salir. Irse a tiempo implica una reflexión profunda y sincera consigo mismo, íntima y honesta, autocrítica y analítica, exenta de apego y del sentido de propiedad, libre de egos (que no dejan ver la realidad). Quizás, una buena dosis de humildad e inteligencia faciliten descubrir el momento adecuado para dejar una responsabilidad y permitan anteponer los intereses de la organización y de las personas que las componen, y reconocer que ganan todas las partes con la salida.

La segunda circunstancia que debatimos es si un directivo debe irse ante promesas incumplidas. Convinimos que dependerá de la categoría de los incumplimientos y de cómo afecten al desempeño de sus responsabilidades esenciales. Si afectan a su capacidad para desarrollar el planteamiento estratégico, a su autoridad de liderazgo, a lograr los objetivos establecidos, si los incumplimientos van en contra de sus valores personales o profesionales, si la percepción de su integridad y reputación profesional pueden verse afectadas, pueden ser razones suficientes. Sin embargo, la mayoría de las veces pesa más en la balanza otras circunstancias como la preocupación por el impacto negativo que puede tener en la carrera, las económicas y el riesgo a no tener nuevas oportunidades.

Un directivo debe considerar múltiples factores antes de decidir dejar su puesto debido al incumplimiento de promesas y condiciones, y entre otras cosas agotar todas las vías de comunicación. Al final, la decisión debe alinearse con sus valores personales y profesionales, así como con sus metas a largo plazo.

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