NO LOS LLAMEN EMPRESARIOS

No lo llamen empresarios

En los últimos días hemos oído diferentes historias en los medios de comunicación sobre compras de mascarillas y otro material sanitario en los primeros momentos de la pandemia, donde las urgencias, la confusión y el desconocimiento fue la ventana de oportunidad para tanto listo que en esos momentos huele la sangre del dinero fácil.

Sin entrar a valorar lo lícito o no de este tipo de operaciones en las que el coste de las comisiones es muchísimo mayor que el del producto vendido, ni otros aspectos éticos, morales o de cualquier otra índole, lo que no entiendo es que sean calificados, en la mayoría de las noticias, como empresarios. ¿De verdad que se puede considerar empresarios a quienes se dedican a medrar entre uno y otro sin arriesgar nada, solo poniendo en su haber la habilidad como conseguidor?

La principal virtud que tiene un empresario es su capacidad de emprender, que conlleva asumir riesgos, desarrollar creatividad, trabajar duramente y, crear algo útil para el mercado y la sociedad, bien porque resuelvan un problema, satisfagan una necesidad o mejoren la calidad o prestaciones de algo ya existente, y, por supuesto, con la intención y finalidad de obtener beneficios.

Además, el buen empresario cultiva una serie de valores, que son los cimientos de su organización, y le permitirán permanecer a lo largo del tiempo —al igual que en un edificio, si no son sólidos, su durabilidad será corta—, y son los que determinan su esencia.

Valores como la transparencia y la honestidad, hacia fuera y hacia dentro, ser claros en la definición de sus servicios y no esconder información, inspirará confianza y credibilidad. La coherencia, ser fiel, en cualquier circunstancia con lo prometido, con la filosofía de la empresa.  La excelencia, su búsqueda continua, como valor que estimula a toda la organización a mejorar y superarse cada día, a no caer en la autocomplacencia. La perseverancia para no desanimarse ante adversidades, para lo que es imprescindible el esfuerzo y también cierta dosis de esperanza. Y por supuesto, humildad, como verdadero motor de mejora de las personas.

Si encuentran algunas de estas características en estos listos, entonces, sigan llamándole empresarios.

 

Antonio Guerrero

 

 

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