EL REVENTAÓ

Conocí la figura del reventaó hace ya muchos años, cuando de muy niño iba a ver los partidos del extinto C.D. Málaga con mi padre, donde siempre estaba esa persona que se pasaba el partido despotricando de todo, desde el arbitro (por supuesto), hasta cualquier jugada que no finalizaba como él quería o cualquier decisión del entrenador de turno. En mi recuerdo –quizás subjetivo por el paso del tiempo–, no era una sola persona, sino una actitud repetida, que, en lugar de disfrutar parecían vivir un sufrimiento.

 

Me vino estos días este recuerdo, porque, casualmente y en diferentes organizaciones, he observado comportamientos parecidos, que, quizás de una forma más elegante, la podemos calificar de crítica destructiva o negativa, esa cuya finalidad está lejos de proponer soluciones o alternativas, que suele estar lejos de la objetividad y, menos de buscar una mejora real. De ninguna manera.

 

Para el crítico destructivo todo lo que no haya hecho él estará mal, y si lo hizo él, tendrá una excusa o, más bien, tendrá un culpable. No busca un análisis de los hechos para ofrecer mejora, que no las ofrece, sino que los utiliza para resaltarse él, hacer valer su figura, aunque sea a costa de calificar (y no precisamente bien) a los demás, o simplemente regodearse y disfrutar de la situación, y no pocas veces soltar el lapidario “ya lo avise”, aunque muy posiblemente no lo hiciera, pero su ego transpira tal convencimiento que se lo cree a pie juntillas.

 

Más allá de las razones psicológicas de estos comportamientos, que seguro las habrá, en las organizaciones dificulta las relaciones sociales internas, pues no pocas veces esos episodios de destrucción no están exentos de impulsividad excesiva y falta de autocontrol, a la vez que hace muy complicado el trabajo en equipo con personas así.

 

La crítica debe ser constructiva, por tanto, será positiva, y aunque casi todos reaccionamos a la defensiva cuando la recibimos, para evitarlo debemos emitirla con asertividad, sin señalar culpables, sino las cosas a mejorar de forma concreta. Es la mejor manera que, quien la reciba, la vea como una oportunidad de mejora, y no como algo personal, y para el que la emite no recordarme al reventaó.

 

 

Antonio Guerrero

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