Inversión que renta

Existe un amplio consenso sobre la importancia y necesidad para el buen desarrollo empresarial de la formación continua de los trabajadores. Se habla permanentemente de la gestión del talento, de lo esencial y diferenciador que puede ser para las empresas invertir en capital humano como la palanca más importante para alcanzar los objetivos de crecimiento. Sin embargo, como tantas otras cosas, de tanto repetirse, puede convertirse en un lugar común, vacuo de significado y sentido. Un “bien queda” que añadimos a nuestras conversaciones.

No obstante, diferentes estudios confirman que un programa de formación bien diseñado suele tener un impacto positivo en la empresa, desde la selección hasta la retención, pasando por el desempeño y la productividad. De hecho, suele ser uno de los atractivos que las grandes empresas argumentan para contratar y conservar a sus trabajadores, la oportunidad que  le ofrecen para desarrollar sus conocimientos y aprender nuevos.

Pero en las pymes suele existir cierta carencia de planes de formación y, cuando se preguntan las razones, los argumentos más citados tienen que ver con la percepción de que son muy costosos, y no tienen presupuesto. Entenderlo como un gasto, no como una inversión, o que el tiempo que el trabajador le dedicará no estará produciendo.

Sea como fuere, no podemos obviar que, cada vez más, las nuevas generaciones ven los trabajos, como un desarrollo personal, por lo que un programa de formación juega un importante papel en la imagen y reputación de la empresa, para atraer personas con deseos de aprender y crecer con el negocio. Invertir activamente en el futuro de las personas de la organización, puede ayudar a reducir la rotación. Éstas se sentirán más valoradas, y también más capacitadas y confiadas en desempeñar sus responsabilidades, mejorando su rendimiento.

 

Otra de las grandes incertidumbres de la formación es cómo medir su rendimiento. Lo mejor, hacer planes formativos personalizados, que localicen las carencias y se enfoquen a reforzar las aptitudes necesarias para desempeñar su responsabilidad dentro de la empresa. El trabajador debe percibir su utilidad, para ello, lo mejor será involucrarlo en la decisión y elección de la formación. Obviamente, no debemos perder de vista que la formación también debe aportar valor a la empresa, es decir, debemos enfocarla hacia los horizontes de crecimiento que deseemos.

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