El mejor amigo del hombre
17 julio, 2016
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Algunas actitudes y mensajes de los últimos días de nuestros políticos y el debate que se desarrolló entre los participantes en un programa de formación me refrescaron una conversación mantenida no hace mucho sobre la necesidad que tenemos las personas, o al menos la tendencia habitual, a buscar culpables. En esta mencionada conversación veníamos a concluir que incluso podía considerarse una reacción normal, casi humana podríamos decir, la no aceptación del error, de nuestro error, y que al igual que una de las primeras fases del duelo es la negación, la búsqueda de un culpable es algo similar, un mecanismo de autodefensa.

En el desarrollo del programa de formación que les comentaba, cuando hablábamos de competencias directivas y veíamos posibilidades de mejora para motivar, comunicar y gestionar los equipos, los participantes “dispararon” hacia arriba para eximir sus culpas, buscando rápidamente a quien responsabilizar de que “las cosas no se hagan como se tienen que hacer”. Este comportamiento lo vemos en las organizaciones a todos los niveles, al jefe sobre sus subordinados y a los subordinados sobre el jefe. Aquel quizás debiera preguntarse si ha puesto todos los medios necesarios a disposición, si ha formado e informado adecuadamente, si ofrece la confianza necesaria. Y éstos preguntarse si pusieron todo su esfuerzo, dedicación y concentración en aras de conseguir el objetivo. Sin embargo, unos y otros en múltiples ocasiones buscan un culpable, un chivo expiatorio sobre el que descargar la responsabilidad, lo que, si bien tranquiliza la conciencia, impide descubrir soluciones –¿quién mejor pude encontrarlas que quien erró?— y lo que es más lamentable aprender para el futuro.

Lo mismo estamos viendo estos días de nuestros representantes políticos, y así uno en su Comité Federal hace una “seria autocrítica” en la que sólo critica a Pablo Iglesias, echándole las culpas de sus males, sin que se conozca su análisis de por qué ha perdido votos en estas segundas elecciones o por qué no es capaz de conquistar el electorado joven, o por qué a pesar de toda la corrupción o de la desigualdad que existe no es capaz de ofrecer unas políticas atractivas. Y por otra parte, otro, para el que si no se forma gobierno no es culpa suya sino de los demás, que no se adhieren a lo que el propone, como si llegar a acuerdos y negociar no fuese una responsabilidad de ambas partes, que requiere ceder en algunos objetivos, empatía y diálogo.

En definitiva que buscamos culpables como autodefensa y por inmovilismo, es mucho más fácil buscar culpables sobre los que descansar las propias responsabilidades, que encontrar soluciones, que en muchos casos nos sacarán de la seguridad de lo conocido. Somos excelentes críticos para analizar y saber qué necesita mejorar otro, pero malísimos para saber qué necesitamos mejorar nosotros. No hay nada mejor que buscar y encontrar un culpable, un chivo expiatorio, por eso es el mejor amigo del hombre.

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