Precariedad en el SAS
5 agosto, 2016
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Semanas atrás nos han informado sobre la falta de médicos en nuestros hospitales públicos, seguida de las declaraciones del SAS alegando que no es problema de presupuesto sino que hay falta de facultativos, argumento quizás incompleto cuando en el último año 4.000 médicos han salido de España. Será por algo. Y del sindicato, para quienes las razones están en las condiciones precarias y los contratos parciales de miseria. No es por tomar partido, pero esto concuerda más con las informaciones de los últimos tiempos de las contrataciones del SAS al 75 y al 50 por ciento, o con casos de conocidos que están de un hospital a otro o de la pública a la privada para completar un salario digno. En definitiva, precariedad económica y laboral.

En otro orden, el médico Federico Soriguer publicó un magnífico artículo en el que nos ilustra como la gestión economicista ha dejado a un lado la lógica sanitaria sustituyéndola por la lógica empresarial. Evidentemente no debe ser fácil cuadrar ambos objetivos, un buen modelo asistencial con un presupuesto cuadrado y asumible. Pero va más allá, y nos alerta que este cambio de foco está convirtiendo la gestión sanitaria en un sistema productivo, provocando en los más jóvenes una pérdida de los valores del buen médico (resistencia, desinterés y pasión intelectual), y más aún, trabajan carentes de compromiso con su empresa, no tienen el Hospital ni en su corazón ni en su cerebro, nos dice. Por último, reprocha que algún que otro directivo haga la vista gorda permitiendo que algunos profesionales consigan sobresueldos de difícil justificación. Si lugar a dudas, cuando se mira para otro lado puede ser por varias razones; porque se es un mal directivo y se abdica de su responsabilidad, porque en el futuro se cobrarán esos favores o porque se es consciente de que las condiciones de trabajo no son justas y esta es la manera de compensar y limpiar la conciencia. También precariedad en la gestión de recursos humanos.

Cuando una organización se dirige desde la servidumbre, la cicatería y la precariedad, empequeñece (aunque su presupuesto sea descomunal), enferma y disminuye capacidades. Para crecer, y no en el sentido de vender más que no es el caso, sino en el de mejorar, de aportar más valor a sus clientes-pacientes y a la sociedad en su conjunto, una organización debe implantar una estructura y unos sistemas formales de control y compensación que no desmotiven a las personas, que no sólo se mueven por dinero, aunque evidentemente es importante, sino que las razones de motivación son variadas, y en muchos casos transcendentes. Además, se deben tener unos valores compartidos y una cultura que fomenten la innovación y el sentido emprendedor (en su significado de espíritu de iniciativa), lo que fomentará la existencia de retos en la organización, y como sabemos las personas se desarrollan profesionalmente en la medida que son capaces de asumir nuevos retos, y cuando las personas se desarrollan crece la organización. ¿Será posible el cambio de modelo?

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