Causalidad
27 marzo, 2017
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Si suele ser difícil para las empresas definir y llevar adelante sus modelos de negocio imagínense para una ciudad y un puerto. Si las empresas no pueden pararse, sino que tienen que estar en continua evolución e innovación, diseñando nuevas ofertas, adaptándose a los nuevos clientes, al cambiante entorno, a la competencia, a las nuevas costumbres, una ciudad y un puerto no son diferentes. Como muestra la reinvención del Puerto malacitano después de perder el negocio de las descargas de hidrocarburos, casi la totalidad de sus ingresos. O la transformación turística de nuestra ciudad desde la segregación de Torremolinos, alcanzado las visitas turísticas cifras impensables, y siendo Málaga capital una ciudad para visitar, no sólo la capital de la Costa del Sol.

Como decíamos, si es difícil implantar un modelo cuanto más aunar el de dos entidades que pueden tener intereses absolutamente divergentes, el Puerto y la Ciudad. La misión de la Autoridad Portuaria es hacer rentable el Puerto con su actividad económica ‘luchando’ contra competencias por todos los frentes geográficos (norte de África, cornisa mediterránea, Algeciras,..) y en todos los sectores de actividad: cruceros, mercancías, atraques deportivo… La torre del Puerto no sólo será una oportunidad de incrementar sus ingresos por arrendamiento sino un impulso para otras actividades.

Y por otro lado, la ciudad de Málaga, para la que algunos detractores de la torre del Puerto pedían que este proyecto se enmarcara dentro de una estrategia de ciudad. Pero esta ya existe. Además de los planes estratégicos que la Fundación Ciedes lleva años realizando, no hay más que analizar las acciones de nuestro ayuntamiento para intuir cuál es su línea estratégica. Que puede ser algo como: hacer de Málaga una ciudad turística líder, atractiva por su oferta cultural, sus infraestructuras y su amabilidad urbanística. De hecho una de las propuestas de actuación en el marco de la Fundación Ciedes es: “Impulsar políticas turísticas que no incidan solamente en el típico “sol y playa”, sino que hagan hincapié en el potencial cultural, náutico-deportivo, gastronómico, idiomático, etc.”.

Parece pues, que el nuevo Hotel del Puerto tiene cabida en los modelos de Puerto y de Ciudad actuales. Y como bien dijo José Seguí (autor del proyecto del hotel del Puerto), esta oportunidad no es casualidad sino la causalidad de un trabajo bien hecho.

Para terminar, al igual que las estrategias de las empresas no deben ser inamovibles, sino que en el transcurso de su implantación al encontrar nuevos datos, nuevas ideas, nuevas necesidades, deberán “pivotar” para adaptarse a las circunstancias, para lo que hay que estar atento, observar, escuchar, y ejercer la autocrítica. Pues bien, quizás sea el momento, aceptando la sugerencia despertada por las aportaciones de Jerónimo Junquera (que diseñó el Palmeral de las Sorpresas), de adaptar el proyecto y hacer algo “multifuncional, que compatibilice distintos usos”, como que el hotel integre el auditorio que estaba previsto u otros usos. En cualquier caso, no perdamos este nuevo impulso para hacer de nuestra ciudad una Gran Ciudad.

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