Negociación imposible
6 marzo, 2016
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Como todos ustedes saben un proceso de negociación se basa en la comunicación y el diálogo entre las partes con la sana intención de resolver sus diferencias, aún defendiendo sus intereses, procurando llegar al mejor logro, conseguir un acuerdo satisfactorio. La negociación como generadora de armonía y cordialidad goza de gran valor en nuestros días. Ahora bien, son necesarias algunas condiciones o premisas; desde compartir algunos valores comunes, pasando porque la distancia entre las partes no sea abismal, pues trabará construir puentes, hasta que no estén presentes los fanatismos, que impiden relativizar las posiciones, ni los radicalismos, que generan intransigencia y no admiten puntos intermedios; ni la vanidad excesiva, que da lugar a despreciar otras opiniones y razonamientos, en estos casos la negociación se torna imposible.

Hago esta reflexión inducido por el conflicto de Limasa que vuelve cada cierto tiempo, y aunque no se lo que ocurrirá de aquí al domingo cuando se publiquen estas líneas (estoy escribiendo el miércoles), si parece que nos encontramos ante una negociación imposible pues se llevan años de como mínimo desencuentros cuando no faltas de respecto, de confundir derechos con privilegios, de dignidad laboral con inmunidad, de conceder peticiones con abdicación de responsabilidades, de evitar la firmeza para no perjudicar la imagen, propia o de ciudad, en definitiva, unas cuantas razones que hacen necesario un cambio de todo en esta negociación; de personas lo primero, de argumentos lo segundo y de formas lo tercero.

Posiblemente si alguno ha llegado hasta aquí ha pensado que soy utópico o iluso, incluso ambas. Seguramente lleve razón, pero ¿qué podemos hacer para no encontrarnos cada cierto tiempo en situaciones similares? ¿qué podemos hacer para que la empresa cumpla sus funciones de mantener una ciudad limpia y prestar un servicio público esencial y de primera necesidad? ¿qué podemos hacer para que los trabajadores tengan unas condiciones laborales justas, en salarios, horarios, vacaciones y tipos de contratos? Y cuando hablamos de justas creo que es razonable ponerlas en relación a la responsabilidad que tienen, a la formación necesaria que atesoren, a la peligrosidad que desarrollen, a la productividad que demuestren, y por supuesto a la realidad del país en el que vivimos.

¿Qué se puede hacer cuando es imposible una negociación? Seguir prolongando sine die el conflicto, que se cierra en falso una y otra vez, o zanjar el tema y comenzar de cero. Desde refundar la empresa, quizás municipalizarla (aunque soy partidario de la empresa privada también es posible que la gestión pública sea eficiente, y un ejemplo cercano lo tenemos en EMASA), o la incorporación de socios privados de verdad, es decir, que asuman el riesgo de la lógica empresarial y no tengan asegurado un beneficio millonario cada año, y que verdaderamente aporten conocimiento y valor al servicio. Hasta cambiar las personas y sus comportamientos para reformar la negociación colectiva empezando de nuevo.

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