Reformas
6 noviembre, 2016
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Por fin iniciamos la tan esperada nueva legislatura sobre la que se ciernen no pocas amenazas, como el aumento del radicalismo, la falta de respeto, la ausencia de diálogo y acuerdo, el aumento de la desigualdad, etc. Pero también se elevan sobre ésta grandes esperanzas de reforma, de aprovechar los necesarios equilibrios como oportunidad para preparar el país para el siglo XXI. Esperanza ambiciosa , sin lugar a dudas, porque son muchos los temas a reformar y mucha más la reforma cultural, idiosincrásica, que tendrá que conllevar ese cambio.

Me atrevo a proponer algunas de las reformas ineludibles para seguir avanzado como sociedad, a parte de las de configuración institucional de estado, a saber:

  1. El sistema de pensiones. Acerca de su insostenibilidad sea hablado mucho, pero la mengua de la hucha de las pensiones en los últimos meses hace urgentísimo una reforma del sistema. Muchas son las circunstancias que le afectan, desde el continuo aumento de la esperanza de vida y el consiguiente incremento de las prestaciones, a que los nuevos puestos de trabajo cotizan menos, bien porque son de jornadas reducidas o porque se acogen a alguna modalidad subvencionada. Pero, además, la tendencia es que para 2020 cerca del 50% de los trabajadores sean por cuenta propia, autónomos, algo no sólo consustancial a España, pues ya en EEUU el 40% de los trabajadores son “freelances”.
  2. El sistema educativo. Más allá de revalidas si o no, religión si o no, lo imprescindible, y no es nuevo, es un pacto educativo para 30 años vista, que se centre en los contenidos y en los métodos, en lo que hay que enseñar y en el cómo. La enseñanza, desde primaria a universitaria no puede ser igual que la que nosotros tuvimos, el mundo ha cambiado, los contenidos están a un toque de click y lo que se necesitan son personas que desarrollen sus capacidades, su creatividad, la toma de decisiones, etc….
  3. El sistema laboral y la desigualdad. Que el actual no funciona es evidente dadas las altas tasas de desempleo, pero peor aún es que se puede estar generando una clase trabajadora a la que no le baste tener un trabajo para no salir de la pobreza. Como ejemplo a no imitar EEUU donde el 71% de las personas que reciben ayudas viven en hogares en el cual el cabeza de familia trabaja, y en el que las grandes corporaciones y el sector servicios son los caladeros de trabajadores pobres. Minimizar la desigualdad es fundamental para hacer sociedades sanas, cuando más cree la precariedad y la brecha entre “ricos y pobres”, más caldo de cultivo para los populismos y con ellos se hacen sociedades enfermas, agresivas, poco innovadoras.

Posiblemente si se actúan en estas líneas mejoraremos como país, alcanzaremos más competitividad, seremos más productivos, pero como además se cambien las formas, y estas se basen en el diálogo, la construcción de acuerdos y la transparencia, habrá valido la espera.

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