Hace unos días, en la presentación del libro “Crear una startup. Aspectos legales de su fundación y funcionamiento”, del abogado malagueño Nicolás Morcillo, el fallo de la tecnología (no funcionaba el retroproyector), nos hizo un gran favor a los asistentes. Quizás su autor pasó un momento de nervios, lógico cuando lo previsto no sale, pero estoy seguro que también lo agradeció.
Sin este inconveniente tecnológico hubiésemos asistido a una presentación con Power Point, posiblemente una secuencia de pantallazos, con viñetas de texto, que nos reflejarían lo mismo que el ponente nos iría narrando, con la esquizofrenia para los asistentes de no saber si leer lo escrito o escuchar lo que nos cuentan. Y, aunque vivimos en la era del multitasking, estar en dos sitios a la vez sigue siendo, sino imposible, muy difícil. Y posiblemente el ponente tuviese la tendencia (casi instintiva) a dirigir su mirada a la pantalla y olvidarse de que el público está enfrente, perdiéndose mucha de la conexión necesaria que debe existir entre el orador y el público.
Sin embargo, como dice el refrán: “no hay mal que por bien no venga”, asistimos a una exposición brillante, sin intermediarios que distorsionaran nuestra atención. Porque la clave de comunicar bien no es utilizar el Power Point, sino tener un mensaje claro, transmitirlo de forma inspiradora y emplear un lenguaje acorde al auditorio. Estas tres claves se dieron, y destacar, especialmente al tratarse de un libro de aspectos legales, el uso de un lenguaje sencillo, que hizo comprensible concepto legales a los legos asistentes. Si duda alguna, una muestra clara de un conocimiento profundo del tema y una gran sensibilidad y empatía hacia su auditorio.
Algo parecido sucede en la forma de impartir las clases, donde el uso de la pizarra parece que da alergia, y no he visto mejor herramienta para transmitir la ideas, para ir construyendo con los alumnos el razonamiento, para que éstos vean y perciban el por qué del argumento, comprendan y observen cómo se destripa.
No se trata de eliminar el Power Point, sino de utilizarlo bien, como guía narrativa, un soporte visual, sin densidad de palabras, sino con imágenes evocadoras, gráficos o esquemas que ilustren y clarifiquen los conceptos que se transmiten. Sin estar a su servicio, sin perder la autenticidad de la comunicación.
Antonio Guerrero