Interim Manager

En el ámbito de la empresa está muy establecido adoptar terminologías y figuras anglosajonas. Es lo que hay. En nuestra descarga decir, que esa “invasión” cultural es generalizada en muchísimos campos sociales. En alguna ocasión me ha tocado exponer las características, funciones y aportaciones de valor de figuras que pululan en el ecosistema empresarial: los coaches, mentores y consultores. En este punto, tengo que acordarme de José Luis Casado, quien, en más de una ocasión, con su gran sentido práctico, inteligencia y dilatada experiencia, me ha expresado su escepticismo a tales diferencias, quizás más basadas en modas que en verdaderas diferencias conceptuales. Figuras que, por otra parte, ya existían en la antigüedad helénica. Vamos, que inventar, no inventamos nada.

 

Dicho esto, me gustaría introducir la figura del interim manager. ¿Qué es un interim manager? No es un consultor, estos asesoran, proponen, diseñan estrategias, pero están ajenos a la empresa, es decir, no implementan. Es precisamente en ese punto donde fracasan la mayoría de los planes. Sin embargo, el interim manager es un profesional que sí está dentro de la empresa, es contratado con unos objetivos específicos, una misión determinada, tanto en resultados esperados como en tiempo y al que se le otorgan los poderes ejecutivos para implementar las acciones necesarias.

¿En qué escenarios es una buena solución para las PYMES? Una premisa, es habitual que sus cuadros directivos sean reducidos, y, unido a las normales resistencias a dejar las zonas de confort, causa que los cuellos de botellas sea el nivel directivo y ejecutivo. Por tanto, en momentos de crecimiento rápido, cambios estratégicos, reestructuraciones, reflotamientos, gestión de crisis, procesos de gestión del cambio, de transformación digital, o traspaso generacional, puede ser muy adecuado contar con un interim, que se enfocará a su misión concreta, a su implantación.

Una recomendación final. El interim manager debe poseer lo que entendemos como seniority, que es mucho más que experiencia contrastada, es un saber-estar personal y profesional, es decir, madurez profesional conjugada con habilidades personales como resistencia a la presión, compromiso, gestión de equipo, capacidad de influencia y control emocional.

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