El emprender veterano

Esta semana he participado en la presentación de un nuevo programa de mentorización para emprendedores cuyo principal objetivo es contribuir, apostar por la transferencia de conocimientos y aprendizaje mediante las experiencias de personas con cierta edad y madurez en el mundo empresarial. Como en otros programas similares los asistentes por la parte de los mentorizados son veinteañeros y treintañeros, suele ser lo común, quizás porque existe la creencia, o porque ese es el enfoque de estos programas, de que el emprendimiento debe estar asociado a la tecnología, a crear una startups, y parece que de esta forma se excluyen emprendedores de edades más provectas, con ideas de negocio más de la economía de tradicional y con iniciativas de autoempleo.

En el acto de presentación del programa hablamos de la iniciativa como la capacidad de tener ideas y llevarlas a la práctica, de tener sueños y hacerlos realidad, aspectos o características que, como comprobé en una conversación con prejubilados en el networking posterior, no está reñido con la edad.

Este ratillo de charla me recordó las últimas noticias de ERES y prejubilaciones en las grandes empresas españolas de todos los sectores, desde la banca — más 5.000 desvinculaciones en dos de los principales bancos españoles–, pasando por los servicios, la distribución, la telefonía o la automoción, sectores que se están viendo o se van a ver afectados por la digitalización,  la irrupción de otros modelos de negocio y el cambio de hábitos de la sociedad, por lo que necesitan adaptar sus plantillas, reemplazando a los trabajadores veteranos por jóvenes más actualizados, más baratos y en menor número. Esta es la realidad, nos puede no gustar, pero es lo que es.

Estas desvinculaciones masivas están generando una masa de personas por encima de cincuenta años que, en unos casos tendrán acuerdos estupendos que les permitirá llegar a la jubilación sin necesidad de trabajar, pero en otros no tendrán más remedio que intentarlo o sobrevivir con la prestación de desempleo para mayores de 52 años hasta que llegue la jubilación.

Sea como fuese, varios aspectos me hacen pensar que es muy necesario enfocar proyectos como el referido a emprendedores seniors, para que echen a andar iniciativas de negocio. Primero, porque los cincuenta es una edad de plenitud intelectual que no debe ser desaprovecha, ni personalmente ni por la sociedad, la contribución de las experiencias y sabidurías acumuladas no deben ser desperdiciadas. Segundo, porque con el aumento de la esperanza de vida quedarán muchos años por delante para, por una parte, no contribuir a una seguridad social, ya insostenible, y por otra, porque tener iniciativa es la energía vital que necesitamos las personas para sentirnos útiles y desarrollar nuestras capacidades.

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