Propinas
11 septiembre, 2018
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Las propinas son ese extra que pagamos por un servicio, se entiende que como muestra de satisfacción de la prestación del mismo, si bien, no siempre es así, pues en algunas culturas es un porcentaje fijado y en otras como la nuestra creo que corresponde más a otras variables que la verdadera satisfacción.

Los defensores de las propinas destacan su bondad por lo que constituye de acicate, de incentivo y motivación para que los profesionales se esmeren en su prestación. Además, de que es un parte del salario del trabajador, dignificando así bajos salarios. Varias observaciones al respecto. No puede “comprarse” la profesionalidad con las propinas, un profesional (sea por cuenta ajena o por cuenta propia), debe cumplir su responsabilidad y obligación de hacer su trabajo muy bien, pues para eso es remunerado. Y si se entiende que las propinas son la parte del salario variable, cuidado. El salario variable debe buscar un plus más allá de lo que es la responsabilidad del profesional, en caso contrario estamos premiando por cumplir con lo que es la obligación.

Por otro lado, dejar en manos del criterio de los clientes el salario variable me parece una temeridad, pues sus criterios serán dispares, dejando ese complemento salarial a la volatilidad del tipo de cliente que acuda o del medio de pago utilizado (algunos estudios destacan que el pago con tarjeta reduce las cuantías de las propinas). Es más, entonces no debería ser un porcentaje del total de la cuenta, lo más lógico es que estuviera relacionada con el servicio recibido independientemente de la cuantía a pagar. Por último, los salarios deben ser responsabilidad de la empresa, deben ser justos, garantizar unas prestaciones mínimas y decentes, y no sujetos a la arbitrariedad o dádiva que graciosamente se entregue.

Posiblemente en la propina hay algo de presión social, el quedar bien, no parecer un tacaño y por el qué dirán, de tal manera que la damos en muchísimas ocasiones, independientemente del servicio recibido. También hay mucho de costumbre, es por ello, que sólo se entiende ésta en algunos oficios, que antaño tenían sueldos exiguos y una consideración social precaria, por lo que debía ser compensados con la generosidad de la sociedad. Sin embargo, estas desigualdades de clase se han ido diluyendo con los años, de tal forma que posiblemente uno de los tradicionales oficios que reciben propinas tengan mejores salarios que otros que no. Por ejemplo, un administrativo posiblemente tenga menos salario que un camarero y se vea “obligado” a dejar propina cuando recibe sus servicios.

Reflexionemos, pues, el concepto de la propina debe evolucionar, ¿por qué la damos? ¿qué nos motiva?, ¿qué criterios tenemos para darla y fijar la cantidad?, y ¿por qué se entiende normal en algunos oficios y no en otros? Aunque quizás la cuestión es que ya no tiene lugar y  simplemente debe suprimirse.