Ni salvadores, ni vengadores, ni mourinhadas
7 marzo, 2018
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Estamos inmersos en pleno proceso electoral en nuestro Real Club Mediterráneo, algo que no es malo ni perjudicial para la organización como algunos han querido hacer ver. ¿Qué hay de dañino para una organización en el contraste de opiniones, puntos de vista, enfoques, estrategias y políticas a llevar a cabo? El deterioro no está en el propio proceso electoral, en que haya dos o más candidaturas que compitan en buena lid, estará en las motivaciones que se tengan (conscientes o inconscientes, internas o externas, públicas o privadas), y en las formas de afrontar esa competición.

Nuestra organización no está en situación de necesidad, no necesita ni salvadores ni un cambio de rumbo. Afortunadamente desde 2009 ha estado dirigía por la cordura, la sensatez y el bien común, tanto en lo económico como en lo social y deportivo. Estas formas nos han posibilitado, en una primera etapa salvar una grave situación económica y social, para ser rematada con un desarrollo social, deportivo y una bonanza económica que nos ha permitido en los últimos años, y en el presente, afrontar la modernización de un club centenario, compitiendo en servicios e instalaciones con tanta y tanta oferta socio-deportiva que inunda nuestra ciudad. Indudablemente esta prosperidad económica y seriedad de gestión labrada en el último decenio es la mejor forma de encarar el futuro.

Por tanto, no es momento de salvadores, la historia está repleta de argumentos del estilo “o yo o el caos”, y esta misma historia nos demuestra que rara vez traen buenas consecuencias. Dicho esto, tampoco es el momento –nunca lo es–, de los vengadores, de aquellos cuya motivación no es más que fastidiar al otro, que no busca ganar el partido, sino que el otro pierda, que le da igual el modelo de Club, sólo que no sea el de su enemigo. Este tipo de actitudes no son sanas. Tanto el salvador como el vengador se mueven en su fuero interno por puras motivaciones personales que poco bien le hacen a la organización. Insisto, estos comportamientos no son ni sanos ni beneficiosos para nuestro Club.

Por último, como deportista, empezamos un partido en el que podemos ganar o perder, cualquiera que haya competido lo sabe, lo único que nos pedimos los deportistas es competir dando lo mejor de nosotros y con “fair play”, sin mourinhadas, ya saben ese entrenador que tuvo las dudosas virtudes de conseguir que sus jugadores transgredieran las normas de la buena educación y del juego limpio, de incitar a que otros tiraran la piedra y él escondía la mano, que se sentía siempre víctima en lugar de asumir su responsabilidad. Virtudes que sus defensores justificaban en los resultados (¿el fin justifica los medios?), algo que la estadística demuestra que no eran tan buenos. Yo me quedo con tipos como Del Bosque que, sin ofender, sin trampas, sin una mala palabra, pero con muy buenas acciones, si ha ganado muchas competiciones.