Lo que la verdad esconde
4 marzo, 2018
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En un día cualquiera de nuestra existencia hacemos uso cotidiano de Internet para satisfacer algunos de nuestros deseos y, gracias a esta tecnología, éstos se satisfacen más rápidamente, más fácilmente y de forma más económica. Vivimos en la inmediatez y la impaciencia. Que la tecnología es imparable parece evidente, que ésta ha multiplicado y abaratado los servicios que nos facilita la vida, también parece indudable. Ahora bien, que este cambio sea tan valioso al menos plantea dudas. Existen muchos dilemas, problemas, complejidades, contradicciones y circunstancias que hacen de este cambio un camino no tan maravilloso como a veces se nos dibuja.

Generalmente se califican los nuevos negocios nacidos gracias a Internet como de economía colaborativa, lo que sin lugar a dudas tiene una magnífica acogida, y muy buen cartel, por su subliminal mensaje democrático, socializador, de reparto de riqueza, de ruptura de los poderes fácticos y de los privilegios. Pero la cuestión es cuánto hay de verdad en este sueño –¿en esta utopía? –. Si analizamos lo que hay detrás de esta revolución no es esa soñada economía colaborativa nacida de la confianza entre las personas, sino posiblemente una economía de la supervivencia nacida de la desesperación ante la necesidad de muchos de completar sus ingresos debido a la precarización laboral, la devaluación de los salarios y a un estilo de vida de más y más consumo, lo que nos lleva a compartir coche en un viaje, alquilar una habitación vacía o vender aquello que no usa.

Estas nuevas relaciones comerciales son definidas por algunos como la economía de plataforma, en lugar de colaborativa, son las nuevas fábricas, donde se encuentran oferta y demanda, lideradas y contraladas por grandes corporaciones que dominan sus mercados rompiendo las claves competitivas actuales, lo que trae no pocos conflictos y problemas, como la amenaza para el comercio tradicional, el aumento de los precios de alquiler de las viviendas, el desafío para los creadores, músicos y escritores, el reto para los periodistas que han visto incrementada su “competencia” en cualquier Smartphone , o el deterioro de las condiciones laborales con el incremento de trabajadores autónomos.

En definitiva, a pesar de tanta disrupción, avances tecnológicos y un supuesto desarrollo social e intelectual de las personas, posiblemente estemos en más de lo mismo, las ambiciones de siempre para ser más poderosos, de esta manera ni se ha sociabilizado el control de las plataformas que siguen dominadas por unos pocos y muy grandes, ni se ha producido un reparto de los beneficios tan igualitario, nada más hay ver lo que gana las grandes tecnológicas y lo que pagan de impuestos, y seguimos con los problemas de siempre de carestía de la vivienda y de aumento de las desigualdades en los países desarrollados. No parece que se esté refundando el capitalismo y este se haga más humanista, más concienciado con el planeta y preocupado por la sobreexplotación de los recursos naturales.