La persona emprendedora
4 diciembre, 2016
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Que estamos en pleno cambio, social y económico, es sabido por todos, y sobre sus causas y consecuencias se han realizado análisis de todo tipo, tanto se habla del tema que quien no se haya enterado es porque no quiere reconocer la realidad. Unas de esos cambios viene dado por la nueva realidad socio-laboral que debido a la velocidad a la que va todo, a nuestro hartazgo de lo nuevo para buscar algo más nuevo, a nuestra impaciencia, lleva a que lo que se valore y demande en la empresa y en la sociedad sean las personas proactivas, con iniciativa, con creatividad y capaces de tomar decisiones. Esto nos lleva a la divulgación del emprendimiento como forma y alternativa en unos casos de buscarse la vida, generarse su autoempleo; en otros de poner en marcha una idea, una ilusión, crear algo pero sin ambición clara; otros si ven y ambicionan con crear una empresa; y otros los que aspiran –influenciados o abducidos por las noticias de allende los mares sobre cómo y cuánto de capital “levantan” los emprendedores de garaje, las startups (pequeñas empresas innovadoras con un gran potencial de crecimiento)–, a lo que en nuestro argot hispano sería pegar el pelotazo, son lo que te hablan de primera y segunda y tercera ronda de financiación.

Parte de esa corriente de cambio son la proliferación iniciativas públicas como la organización en los últimos días en nuestra ciudad de al menos tres foros de inversión para emprendedores, culminando la semana con la celebración por la administración autonómica del Día de la Persona Emprendedora. Todas estas acciones públicas están muy bien pues fomentan, forman, ayudan y respaldan la cultura emprendedora, pero lo que tienen que saber los nuevos emprendedores, más allá de datos estadísticos sobre el número de ellos que no sobreviven a primer año o al cuarto, es que emprender no es fácil, implica vivir en un “sin vivir”. Ser emprendedor exige un constante equilibrio, una ponderación continua, discernir qué es lo adecuado en cada momento y en qué grado lo es. El emprendedor se mueve en una constante ambivalencia, debe tener arrojo a la vez que prudencia; capacidad de arrastre sin perder la humildad; pasión y perseverancia sin caer en la obcecación; saber vivir en el caos creativo pero con buenas dosis de organización, y debe crear equipo sin caer en el paternalismo.

Si se posee el carácter para tener una iniciativa constante, para cuando todavía no ha terminado de celebrar un éxito poner los pies en la tierra y pensar en lo nuevo a realizar, cuando yerre solo permitirse analizar para aprender pero no retroalimentarse con el error; y si asume que nuestro entorno, nuestra sociedad es una transformación continua, personal y profesional, y quiere ser dueño y único responsable de su vida, disfrutará de ser emprendedor siendo conscientes que no es nada fácil pero puede crearle adicción.